Si te preguntas cómo saber si mi gato tiene gingivitis, la primera pista está en una línea roja justo donde la encía toca el diente, a menudo acompañada de mal aliento. Esa es la respuesta corta. La larga tiene un matiz importante: los gatos disimulan muy bien el dolor de boca, así que muchas veces las señales están en cómo come o en cómo se acicala, más que en lo que se ve a simple vista.
En este artículo te explicamos cómo distinguir una encía sana de una inflamada, cómo revisarle la boca en casa sin convertirlo en una pelea y en qué momento conviene que lo veamos en consulta.
En este artículo te contamos:
¿Cómo saber si mi gato tiene gingivitis? Mira el borde de la encía
La gingivitis es la inflamación de la encía y, en la mayoría de los casos, empieza por la acumulación de placa bacteriana sobre los dientes. La forma más fiable de detectarla en casa es fijarse en el margen de la encía, la franja que rodea cada diente: ahí es donde la inflamación aparece primero.
Para que tengas una referencia clara, así se diferencia una encía sana de una con gingivitis:
| Qué mirar | Encía sana | Encía con gingivitis |
|---|---|---|
| Color | Rosa claro (las manchas oscuras de pigmento son normales) | Roja, sobre todo en una línea junto al diente |
| Aspecto | Fina, lisa y pegada al diente | Hinchada, brillante o engrosada |
| Sangrado | No sangra al tocarla | Puede sangrar al comer o al rozarla |
| Aliento | Sin olor fuerte | Mal aliento que no se va |
| Dientes | Limpios o con poca placa | Placa o sarro amarillento o marrón |
Los dientes que más conviene mirar son los colmillos y las muelas de arriba, al fondo de la boca, porque es donde el sarro suele acumularse antes.
Ojo con un detalle que no tiene que ver con la gingivitis: si las encías están muy pálidas, blancas o amarillentas, no es un problema dental. Puede indicar anemia, un problema de circulación o del hígado, y en ese caso hay que llamarnos ese mismo día.
Señales fuera de la boca que delatan que le duele
Los gatos son expertos en esconder el dolor. Un gato con la boca dolorida rara vez se queja: lo que hace es cambiar pequeñas costumbres, y esos cambios suelen notarse antes que las encías rojas, sobre todo si no está acostumbrado a que le miren la boca.
- Mal aliento persistente, incluso lejos de la hora de comer.
- Mastica solo por un lado o inclina la cabeza al comer.
- Se le cae la comida de la boca, o se acerca al plato con ganas y luego se aparta.
- Prefiere la comida húmeda y rechaza el pienso seco.
- Babea más de lo normal, a veces con la saliva teñida de rosa.
- Se toca la boca con la pata o sacude la cabeza.
- Deja de acicalarse y el pelo se ve apelmazado o sin brillo.
- Se muestra más arisco cuando le tocas cerca de la cara.
Ninguna de estas señales confirma por sí sola una gingivitis, porque también aparecen en otros problemas bucales que veremos más abajo. Pero si notas una o varias, merece la pena mirar dentro de la boca, o pedirnos que lo hagamos nosotros.
Cómo revisarle la boca en casa sin estresarlo
No hace falta abrirle la boca del todo para ver las encías. De hecho, forzarlo es la mejor manera de que la próxima vez salga corriendo. En la clínica trabajamos con medicina low-stress, y el mismo principio sirve en casa: pocos segundos, sin sujetarlo a la fuerza y con un premio al final.
- Elige un momento tranquilo, por ejemplo cuando está adormilado en tu regazo o después de comer.
- Busca buena luz natural o ayúdate de la linterna del móvil.
- Acaríciale la cara y las mejillas unos segundos para que se acostumbre al contacto.
- Con un dedo, levanta suavemente el labio por el lateral. Así verás el colmillo y las muelas sin abrirle la boca.
- Mira el borde de la encía de cada diente: el color, si hay una línea roja, sarro o algún bulto. Luego repite en el otro lado.
- Termina con una golosina o un rato de juego, aunque solo hayas podido mirar un lado.
Si se resiste mucho, se aparta de golpe o reacciona como si le doliera, para. Esa reacción también es información, y motivo suficiente para revisarlo en consulta. Hacer esta comprobación una vez al mes te ayuda a conocer cómo es su boca cuando está bien y a detectar cambios a tiempo.
No todo es gingivitis: otras enfermedades de la boca que se le parecen
Una encía roja en un gato no siempre es una gingivitis simple por placa. Hay otras dos patologías orales felinas que a simple vista se confunden con ella y que necesitan un enfoque distinto. Por eso el diagnóstico corresponde al veterinario.
Gingivoestomatitis crónica felina
Aquí la inflamación no se queda en el borde de la encía: se extiende a otras zonas de la boca, sobre todo al fondo, a ambos lados de la garganta. Es muy dolorosa, y los gatos que la sufren suelen comer mal, babear y perder peso. Se considera una respuesta inmunitaria exagerada y en muchos casos se ha asociado al calicivirus felino. Su tratamiento es bastante más complejo que el de una gingivitis y necesita un seguimiento cercano.
Resorciones dentales
Son lesiones en las que el propio organismo del gato va destruyendo el tejido del diente, a menudo a partir de la altura de la encía. Desde fuera pueden verse como un pequeño punto de encía roja o engrosada que parece «meterse» dentro del diente. Duelen, y buena parte del daño queda oculta bajo la encía, así que solo se valoran bien con radiografía dental.
En gatos mayores hay además una causa que no empieza en la boca: la enfermedad renal crónica avanzada puede provocar llagas en la boca y un aliento con olor a amoníaco. Por eso, en un gato sénior con la boca inflamada, puede ser necesaria también una analítica de sangre.
¿Es grave la gingivitis en gatos?
La gingivitis en sí no es mortal y, detectada a tiempo, se puede revertir: con una limpieza profesional y un buen cuidado en casa, la encía puede volver a estar sana. El problema es dejarla avanzar.
Si la placa sigue acumulándose, la inflamación pasa de la encía a los tejidos que sujetan el diente. Eso ya es periodontitis, y el daño en el hueso y el ligamento no tiene vuelta atrás: el diente puede aflojarse y acabar perdiéndose. Mientras tanto, el gato convive con un dolor constante que muchas veces nadie ha detectado.
Hay además un riesgo muy propio de los gatos. Si la boca le duele tanto que deja de comer, el ayuno puede afectar a su hígado (lipidosis hepática). Por eso un gato que deja de comer, aunque sea uno o dos días, siempre es motivo de consulta, como contamos en nuestro artículo sobre cuándo preocuparse si tu gato vomita o no come.
¿Y es contagiosa? La gingivitis por placa no se contagia entre gatos. Lo que sí se transmite son algunos virus, como el calicivirus felino, que favorecen la inflamación de la boca. Si convives con varios gatos y más de uno tiene las encías rojas, coméntanoslo en consulta. Además, cuando la inflamación de la boca es intensa o vuelve una y otra vez, conviene descartar la inmunodeficiencia felina (FIV) y la leucemia felina (FeLV), dos virus que debilitan sus defensas y pueden favorecer estos problemas.
Qué hacemos en consulta cuando sospechamos gingivitis
Cuando un gato llega con las encías inflamadas, empezamos por una exploración bucodental completa: revisamos dientes, encías y mucosa para ver hasta dónde llega la inflamación y descartar las otras patologías de las que te hemos hablado. A partir de ahí, el plan depende de lo que encontremos.
Si hay sarro o la gingivitis ya está establecida, lo habitual es una limpieza de boca profesional con anestesia y monitorización completas. Con el gato dormido se puede limpiar también por debajo de la encía, que es donde está el problema, pulir los dientes para retrasar que la placa vuelva a pegarse y hacer radiología dental para ver lo que no se ve a simple vista: raíces, hueso y posibles resorciones. De todo esto se encarga nuestro equipo de odontología veterinaria, que valora cada caso antes de proponerte un tratamiento.
Sabemos que la anestesia preocupa, y es normal. Conviene saber que las guías de odontología de la WSAVA (Asociación Mundial de Veterinarios de Pequeños Animales) desaconsejan las limpiezas sin anestesia: solo quitan el sarro visible, no llegan bajo la encía y le generan al gato un estrés innecesario.
En cuanto a los remedios caseros para la gingivitis en gatos, ninguno elimina el sarro ni trata la inflamación bajo la encía, y pueden retrasar el diagnóstico de algo más serio. Tampoco le des antibióticos ni antiinflamatorios por tu cuenta, ni siquiera los que tengas en casa: varios medicamentos de uso humano son tóxicos para los gatos.
Cómo cuidar sus encías para que no vuelva
Después de la limpieza, el cuidado en casa es lo que marca la diferencia, porque la placa vuelve a formarse en pocos días. Lo más eficaz es el cepillado:
- Usa un cepillo pequeño o un dedal de silicona y pasta de dientes veterinaria. Nunca uses pasta de dientes humana: no está pensada para tragarse.
- Empieza poco a poco: primero que huela y pruebe la pasta, luego tócale los dientes con el dedo y, días después, introduce el cepillo.
- Céntrate en la cara exterior de los dientes, que es donde más se acumula la placa.
- Lo ideal es cepillar a diario; si no lo consigues, cuantas más veces a la semana, mejor.
Hay gatos que nunca aceptan el cepillo, y no pasa nada. En ese caso te orientamos sobre otras opciones que encajen con él, como geles antisépticos bucales, aditivos para el agua de bebida o dietas dentales específicas, y ajustamos la frecuencia de las revisiones.
Aunque su boca parezca estar bien, una revisión bucodental periódica permite detectar la gingivitis antes de que se note en casa. Si has visto alguna de las señales de este artículo, llámanos al 91 408 99 67 o escríbenos por WhatsApp al 669 769 286 y lo revisamos en nuestra clínica de Ciudad Lineal.